Tras 132 años, la ampolleta dejará de usarse en Chile

En el país se venden 35 millones de bombillas incandescentes al año.

Tienen sus días contados. No más mirar el filamento metálico para ver si está suelto antes de enroscarla en el techo o en una lámpara. En cinco meses más, las clásicas ampolletas incandescentes dejarán de usarse en el país poniendo fin a los 132 años de hegemonía en la iluminación del hogar. El invento, patentado por el norteamericano Thomas Alva Edison en 1880, se introdujo en Chile en 1883 y se usó por primera vez en el país para iluminar la Plaza de Armas de Santiago, el Pasaje Matte y otras zonas cercanas, con postes de cinco ampolletas cada uno.

Chile se suma ahora a lo que ya hizo la Unión Europea en 2009, Argentina en 2010, Canadá en 2012 y México en 2014. Gran parte del mundo desarrollado ya está apagando las clásicas bombillas, como Estados Unidos, que empezó en 2012 y que terminará de erradicarlas en 2017.

En estricto rigor, en nuestro país la retirada de las ampolletas incandescentes ya se inició. La Resolución Exenta N° 60 del 18 de diciembre de 2013 precisó que solo se podían vender aquellos focos con mayor eficiencia energética. A raíz de ello, en el primer semestre de 2014, salieron del mercado aquellas ampolletas de más de 40 watts. La última etapa viene ahora, donde se van a descansar las ampolletas de 25 watts y más, las últimas que quedaban. ¿Qué viene ahora? La Lámpara Fluorescente Compacta (LFC) u otras bombillas con tecnología que permita la eficiencia energética, como las luces LED o las eco-halógenas.

La retirada de la clásica ampolleta será más que visible, porque en Chile se venden unos 35 millones de unidades al año.

Según el Ministerio de Energía, las LFC son las que actualmente están presentes en el mercado como reemplazo natural de las ampolletas incandescentes. A igual cantidad de iluminación, las LFC solamente gastan una parte de lo que necesitan las incandescentes para funcionar.

Para dar un ejemplo numérico, el precio de una lámpara fluorescente compacta de 20 watts es de $3.590 y su vida útil es de al menos seis mil horas. Su par incandescente es bastante más barata -$640- pero dura solo 1.000 horas.

Por ello, si se enciende cuatro horas al día esta bombilla, se deberían comprar dos ampolletas incandescentes al año, mientras que la LFC duraría al menos cinco años. Juan David Bustos, de Phillips -uno de los mayores fabricantes mundiales de ampolletas-, señala que por duración y calidad, las luces LED también son una alternativa al clásico foco. Sin ir más lejos, el secretario de Energía de Estados Unidos, Ernest Moniz, prevé que en pocos años más las LED bajarán de precio, de US$ 20 a US$ 1 por unidad, gatillando una revolución energética en el mundo.

¿Por qué en casi todo el mundo se está dando de baja a la clásica ampolleta? El Ministerio de Energía responde que es porque a la larga es la alternativa que conlleva un mayor ahorro en costos y menor contaminación. Según los estudios internacionales aplicados a Chile el ahorro al dar de baja a las bombillas incandescentes en un país como el nuestro llega a US$ 1.363 millones en 18 años, equivalente a 872 megawatts y con 4,8 millones de toneladas de menores emisiones de CO2 .

Y para los que no se acostumbran al tipo de luz que producen las nuevas ampolletas, en Phillips señalan que eso depende de la calidad y que en general las bombillas LED pueden producir luz cálida (ideal para living o el dormitorio) o fría (más apta para oficinas, pasillos o la cocina).

Fuente: Sustentare

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