“Si no logramos bajar las emisiones, el crecimiento económico habrá sido en vano”

Christiana Figueres espera que la conferencia sobre calentamiento global en diciembre logre un acuerdo que dé espacio a la diversidad de los países y sus circunstancias.

El cambio climático ya no es una teoría o una posibilidad, es evidente y sus efectos se han comenzado a sentir en todo el planeta. A cuatro meses de la conferencia internacional contra el calentamiento global que se celebrará en París, Francia, (COP21) los países han demostrado un mayor compromiso, pero aún queda lograr el principal objetivo: que para fines de este siglo la temperatura global no aumente más que en 2°C respecto de los niveles preindustriales.

Christiana Figueres, secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, es la responsable de lograrlo. Esta diplomática originaria de Costa Rica -hija del tres veces Presidente de su país José Figueres-asumió su cargo en la ONU en 2010 en reemplazo del holandés Yvo de Boer. Hoy tiene sobre sus hombros la misión de encontrar una ruta que lleve al mundo hacia un acuerdo global que le permita enfrentar de forma rápida y eficiente las consecuencias del cambio climático, que son irreversibles.

Figueres es optimista. “Las realidades de hoy son muy diferentes a las de 2009 (cuando fracasó la cumbre de Copenhague). Mientras las negociaciones sobre cambio climático a nivel internacional han continuado, las cosas no han permanecido estáticas a nivel nacional.

Durante los últimos años ha habido una clara tendencia a aprobar leyes climáticas tanto en países desarrollados como en desarrollo. Más de un centenar de naciones tienen objetivos de reducción de emisiones para 2020, fijados mayoritariamente en leyes o políticas”, asegura en una entrevista por escrito con “El Mercurio”.

La diplomática destaca que “más allá de las acciones de los Estados, hay actores no estatales como inversores, empresas, ciudades o regiones están actuando cada vez más contra el cambio climático, lo que no ocurría en 2009″. Según los datos de la ONU, entre las 500 empresas del ránking de Fortune, 53 de ellas informaron un ahorro de US$ 1.100 millones en 2013 gracias a la eficiencia energética, las energías renovables e iniciativas similares para reducir emisiones. A eso se suma, señala Figueres, que se ha facilitado el acceso a las energías renovables, gracias a una baja del precio de las tecnologías, un mayor interés de los inversionistas y avances en investigación y desarrollo.

-¿En qué se diferenciará el protocolo que se alcance en París del protocolo de Kioto?

“La diferencia más importante entre el Protocolo de Kioto (1997) y el acuerdo de París es que este último será universal. Esto significa que será aplicable a todos los países y que todos los países harán una contribución.

Pero no todos los países harán la misma contribución y el acuerdo no se aplicará a todos de la misma manera. Ya no reflejará un mundo binario de países “desarrollados” y en “desarrollo”. Más bien, será como una amplia autopista con muchos carriles diferentes, permitiendo que cada uno elija el carril adecuado. Habrá espacio para la diversidad de los países y de sus circunstancias nacionales. Pero todos van a contribuir e irán en la misma dirección: permanecer por debajo de los 2°C y crear un mundo neutral en emisiones de carbono.

Otra diferencia es que el acuerdo de París se ve como facilitador y posibilitador, no punitivo. Además, invitará a la cooperación con el objetivo de maximizar los esfuerzos de todo el mundo. Un hecho de importancia crítica es que será un apoyo para las acciones climáticas de los países en vías de desarrollo”.

– La ONU señaló que la población mundial llegará a 11.200 millones en 2100, ¿cómo afectará esto al cambio climático?

“Ha habido claramente un fuerte vínculo entre el crecimiento de la población y el cambio climático. El reto es disociar el crecimiento económico y el de la población, del crecimiento de la contaminación y la degradación medioambiental y hay señales en algunos países de que esto puede estar en proceso.

Esto es también importante en lo que se refiere a la construcción de niveles más altos de resiliencia. Habrá cada vez más una fuerte conexión entre el crecimiento de la población y los impactos del cambio climático tales como el aumento del nivel del mar o de las inundaciones. En otras palabras, el tamaño de la población se convertirá en un factor significativo en la magnificación de tales impactos debido a que habrá muchas más personas vulnerables…

Al final, afrontar el cambio climático y promover el desarrollo sostenible van de la mano y son inevitables para salvaguardar el bienestar de una población mundial en aumento. Ambas requieren la misma transformación de nuestro modelo de desarrollo. Crear este nuevo modelo de crecimiento es nuestro mega-reto de desarrollo. Una acción climática valiente es generadora de oportunidades en la transición a un nuevo modelo de crecimiento sostenible y climáticamente seguro”.

– ¿Deberían los países hacer un esfuerzo mayor en sus compromisos?

“Antes de la conferencia de París, cada país hará una contribución de acuerdo a sus circunstancias nacionales. Éstas están recogidas en lo que denominamos Contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDC). Hemos recibido 26 de ellas de 54 países, que en total cubren aproximadamente el 60% de las emisiones de CO2 mundiales. El nivel de compromiso de los países es impresionante.

No obstante, es probable que la suma total de esas INDC no sea suficiente para alcanzar el objetivo de mantenernos por debajo del límite de los 2°C. Es por este motivo que en París hay que aunar los esfuerzos en marcha pero además marcar el camino.

Las INDC actuales son un primer paso. Hará falta que los países vayan aumentando sus ambiciones a lo largo del tiempo, por ejemplo cada cinco años y hagan otros nuevos esfuerzos”.

– ¿Cuál es el primer paso que deberían dar los países que quieren mostrar un compromiso real con la lucha contra el cambio climático?

“La presentación de sus INDC es una clara señal. Además, los países desarrollados en particular necesitan incrementar su nivel de apoyo financiero a las naciones en vías de desarrollo (…)”.

– ¿Cuál es el mayor reto para los países en desarrollo?

“Se está normalizando la idea de que con redes de energías renovables y eficientes, y sociedades y economías que se adaptan al cambio climático también se aumentan el desarrollo, los beneficios empresariales y el bienestar común. Ya no es solo una posición para sentirse bien. La Agencia Internacional de Energía ha informado que en 2014, las emisiones globales de carbono procedentes de los combustibles fósiles se mantuvieron estables a pesar de que la economía mundial creció un 3,3%. Un año no garantiza una tendencia, pero muestra que se puede desconectar el crecimiento de las emisiones.

En cierto sentido, a los países en desarrollo se les pide el esfuerzo más grande, que es continuar creciendo y desarrollándose, pero con una huella de carbono muy diferente de la que han marcado todos los países industrializados. Además, los países desarrollados se enfrentan a la responsabilidad de sacar a millones y millones de personas de la pobreza mientras que se adaptan a unos impactos del cambio climático que van a golpear más duro a los pobres.

Ambos retos son inmensos, pero estoy convencida de que se pueden superar y gestionar con buenas políticas nacionales de cambio climático y sostenibilidad y con apoyo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, así como el acuerdo de París”.

– ¿Cómo se concilia desarrollo con compromiso y conciencia sobre el cambio climático?

“Si no se actúa frente al cambio climático, es muy probable que la temperatura media mundial sobrepase los 4°C. Esto acabaría con los beneficios del desarrollo y amenazaría de manera seria la estabilidad económica. En otras palabras, si no logramos una transición del modelo del crecimiento económico hacia una trayectoria baja en emisiones, entonces todo el crecimiento económico acabará siendo en vano.

En este sentido, elegir entre desarrollo, crecimiento y beneficios, de un lado, y acción climática, no crecimiento y pobreza, del otro, es un argumento falso. (…) Vivimos en un período de oportunidades fantásticas. Están emergiendo nuevos modelos de crecimiento sostenibles que tienen que convertirse en la nueva norma. El desarrollo y el cambio climático se pueden abordar a la vez, generando beneficios para las personas y el planeta”.

“Afrontar el cambio climático y promover el desarrollo sostenible van de la mano y son inevitables para salvaguardar el bienestar de una población mundial en aumento”.

“A los países en desarrollo se les pide el esfuerzo más grande, que es continuar creciendo y desarrollándose, pero con una huella de carbono muy diferente de la que han marcado todos los países industrializados”.

Fuente: Lignum.cl

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