Hablando de Economía Circular

De acuerdo con el resumen ejecutivo para 2014 de la Fundación Ellen MacArthur “Hacia una Economía Circular”, “los niveles de volatilidad de los precios de metales, alimentos y productos agrícolas no alimentarios en la primera década del siglo XXI fueron más altos que en cualquier otra década del siglo XX”. Esto es debido a la insostenibilidad del actual modelo económico lineal (Producir – Usar – Tirar) que se ha planteado hasta hoy como el patrón de desarrollo económico en todo el mundo.

Para producir productos y servicios se requiere avanzar en la implementación de un modelo de desarrollo y crecimiento que permita optimizar la utilización de los recursos, materias y productos disponibles manteniendo su valor en el conjunto de la economía durante el mayor tiempo posible y en el que se reduzca al mínimo la generación de residuos. Es por eso que hoy, se acuña fuertemente el término de “Economía Circular” una estrategia que apunta a considerar como “nutriente valorizable” lo que actualmente consideramos como desecho, transformando lo que siempre fue un costo, en un valor para la empresa.

Para implementar un sistema circular, es necesario desarrollar y aplicar nuevos conocimientos, que den lugar a nuevos desarrollos tecnológicos, a procesos, productos y servicios innovadores, que permitan a través de su adopción contribuir a la competitividad, a la vez que se generen nuevas oportunidades de negocio y la generación de redes con otras organizaciones. Transitar de una economía lineal a una economía circular, requiere de una evaluación en la cual se ve a la empresa como un “sistema”, donde sus inputs (Agua, energía y materiales) se usen eficientemente y sus outputs (Agua, ineficiencias energéticas y residuos) se puedan valorizar en la mayor cantidad de ítems posibles.

Para ello existe una gama de posibilidades, desde empezar de cero por medio de la implementación de un modelo de negocios circular, el análisis de ciclo de vida para detectar dónde están los mayores impactos de un producto, la aplicación de eficiencia hídrica, el uso de energías renovables, hasta la valorización de residuos tanto orgánicos como de materiales técnicos. Este último punto, nos da la posibilidad de elaborar estrategias de Ecodiseño que podrían disminuir el impacto ambiental de un producto hasta en un 80%. Implementar estrategias de valorización en la producción, genera más eficiencia y por ende, en una mayor rentabilidad para quienes lo aplican. Los consumidores informados de hoy, ya prefieren los productos y servicios de las empresas que se preocupan de la sustentabilidad y trazabilidad de sus procesos. Europa ya está a la vanguardia en la aplicación de la Economía Circular y en Chile…¿Que estamos esperando?.

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